sábado, 19 de enero de 2008

Mingitorios en mi camino 6: Aeropuerto de Vallarta

En diciembre, como de costumbre, me fui de vacaciones a Puerto Vallarta. A punto de emprender mi regreso, en el aeropuerto, me encontré con este mingitorio "ecológico" (no usa agua, pero no porque no tenga la tubería necesaria, como el de la Facultad de Ciencias Políticas, sino porque tiene un sistema que supuestamente no la necesita para lograr que hasta la última gota de orina se vaya al caño... ¿será?).

Foto: Martín Bonfil Olivera, 2007

Me llamó la atención que tuviera una abejita para que uno pueda "atinarle" con el chorro... me habían platicado de algo así en los mingitorios de Ámsterdam, pero con una mosquita. ¿Se irá poner de moda la abejita en México?

¿Y por qué una simpática abejita en vez de una desagradable mosca? Yo hubiera pensado que la mosca era más adecuada para un baño, y que además sería más placentero apuntarle, pero... en fin, filosofía de mingitorio...

Aristegui

Si Perverto Rivera ya la había llamado "puta" (al calificarnos de prostitutos y prostitutas a todos los comunicadores que criticamos o cuestionamos la protección de pederastas por parte de la iglesia), cuando la corrieron de W radio sólo se confirma que Carmen Aristegui era ya muy incómoda para el poder eclesiástico (que nos gobierna a través de su partido, el PAN).

Entre las muchas y justificadas e inteligentes protestas que el despido injustificado de Aristegui ha provocado (y las vergonzosas justificaciones de este acto arbitrario por parte de Televisa-PRISA que han hecho, ay, algunos comunicadores que se decían decentes), llama mi atención el argumento que presenta Epigmenio Ibarra en su columna en Milenio Diario. Algunas frases destacadas, y la liga al texto completo dando clic al título de la columna.

Epigmenio Ibarra
El affaire Aristegui: una concesión en manos extranjeras
Milenio Diario, 11 de enero de 2008

Mal comienza el año sin la voz de Carmen Aristegui todas las mañanas en la radio. Al tiempo que atentan contra la libertad de expresión al cerrar un espacio informativo, que era ya referencia obligada, y tanto que se volvió la fuente de muchos titulares de la prensa escrita, los directivos de XEW se pegan un tiro en la sien. Allá ellos, sin embargo, si quieren suicidarse.

(...) Los empresarios de los medios masivos de comunicaron además de hacer negocio tienen la obligación de prestar, con ese bien público concesionado, servicios a la comunidad. Uno de esos servicios; vital por cierto, es el de la información periodística. Desgraciadamente las corporaciones han tomado por costumbre usar los noticieros como arma política y establecer criterios editoriales que tienden mucho más a favorecer los bolsillos e intereses de los dueños del medio que las necesidades de la sociedad. No se puede, ni debe, silenciar así, nomás, de un plumazo, a quien se ha destacado tanto y de manera tan brillante y consistente en su labor periodística como Carmen Aristegui. No se puede, ni se debe callar, a quien, además, ha servido al mismo tiempo a la empresa que la contrató como al público que la escucha. No se puede, digo, hacer algo así —aunque se hace frecuente e impunemente— sin atentar contra la naturaleza misma de la responsabilidad que implica operar una concesión.

Los señores de Prisa tienen que rendir cuentas por esta acción de censura; porque más allá de todo eufemismo y dada la naturaleza del programa de Carmen, de eso se trata: de un acto de censura. (...)

“A mí que me esculquen”, dice Juan Ignacio Zavala y, en efecto, de eso se trata. De exigir a la administración de la XEW, de exigir a Prisa, que rinda cuentas de sus actos. Es la hora de saber por qué artes un medio de comunicación es operado por una empresa extranjera. La Constitución, se supone y no tengo noticias de que haya sido modificada, establece el control nacional sobre el espacio radioeléctrico. Las empresas españolas son expertas —ahí está el caso de Francisco Gil y Telefónica— en encontrar fórmulas jurídicas para sacarle la vuelta a estas disposiciones. Esta situación irregular, por decir lo menos, los coloca en una condición de vulnerabilidad permanente ante el poder y los hace proclives a prestarle favores. Favores, como cortarle la cabeza a Carmen. (...)


¿No irá siendo hora de que, sin caer en xenofobias tontas, defendamos lo que dicta la Constitución en materia de la posesión de bienes fundamentales de la nación, como son las concesiones de radio y TV?

Mientras tanto, la iglesia ya se regodea por su triundo al sacar del aire a una de sus principales críticas, y en voz del "vocero" del arzobispado, ese majadero, soberbio, cínico y descarado llamado Hugo Valdemar, declara que “Los medios hacen pasar al clero como un ejército de delincuentes”... O tempora, o mores... (famoso lamento de Cicerón que significa "¡qué tiempos [vivimos], y qué costumbres!)

Aborto y derechos humanos

La batalla se pone buena, pues la defensa de los derechos humanos topa no sólo con la cerrazón clerical de siempre, sino con la argumentación tramposa que busca voltear las cosas redefiniendo los conceptos. ¡Ahora resulta que legalizar el aborto es un ataque contra los derechos humanos! (Al rato, los blanquitos defenderán su "derecho humano" a no tener que andar viendo negros e indios caminando libres por la calle).

Roberto Blancarte, el sabio columnista de Milenio Diario en temas de política religiosa, explica con claridad esta confusión, y pone los puntos sobre las íes (y yo cito sólo algunas frases destacadas, pero si quieren el texto completo, den clic sobre el título de la columna):

¿A quién defiende la CNDH?
Roberto Blancarte
Milenio Diario, 8 de enero de 2008

Hay una enorme paradoja en el hecho que la CNDH esté enarbolando una encuesta (...) para demostrar que sólo alrededor de un tercio de la población mexicana apoya el derecho de las mujeres a abortar (...)

(...) ahora resulta que para la CNDH los derechos no son innatos e inalienables, sino que deberían estar sujetos al arbitrio de las mayorías.

(...) Toda la historia del Estado de Derecho contemporáneo se basa precisamente en que las mayorías no le pueden negar sus derechos a las minorías.

(...) la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es decir, la comunidad internacional, reconoce esos derechos como innatos e inalienables (...)

El asunto es, por lo tanto, uno de principios, no de mayorías.

(...) Y si el asunto pasa a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como es el caso ahora por la despenalización del aborto en el Distrito Federal, los miembros de esta Corte tendrán que tomar su decisión de acuerdo con el derecho, no con sus opiniones personales o con las de la mayoría. Pero tanto los legisladores como los ministros de la Corte sólo pueden reconocer los derechos; no pueden legislar o dictaminar contra ellos.

Por eso la solicitud de una encuesta por parte de la CNDH no sólo es un acto tramposo, sino contrario a sus propios principios.

(...) La CNDH no está para reducir los derechos humanos sino para extenderlos. No fue creada para promover encuestas de opinión contra algunos derechos, sino para ampliar los de todos.

Por cierto, hubo segunda parte: el 16 de enero, la CNDH envió una carta en respuesta a la columna de Blancarte, donde trata al autor con una majadería y con argumentos tan chafas , esquivando la crítica del columnista ("este organismo nacional tiene facultades y atribuciones para la realización de estudios e informes técnicos de diagnóstico sobre la situación de las mujeres y los hombres en materia de igualdad, así como para difundir información sobre los diversos aspectos relacionados con este derecho en nuestro país") que confirma que de lo que se trata ya no es de defender los derechos humanos, sino de seguir la línea del PAN-Vaticano. Tal como afirmó, Blancarte, la CNDH "contradice la esencia de su propia misión y el principio mismo bajo el cual debe trabajar".

Así están las cosas... ¡Pobre país!

"Prostitutas y prostitutos de la información"

Nuevamente, Braulio Peralta en su columna "La letra desobediente" de Milenio Diario reflexiona acertadamente sobre los insultos que el siempre ensoberbecido, pero hoy desgraciadamente "empoderado" (una palabra fea, pero que aquí resulta adecuada para expresar algo feo sobre un personaje feísimo) cardenal primado de México Norberto Rivera Carrera, encubridor de pederastas, lanzó contra los periodistas mexicanos:
Foto: Milenio Diario
La letra desobediente
Textoservidor
Braulio Peralta

Meditemos hoy las hermosas palabras que nos dejó el cardenal Norberto Rivera, dichas desde la cárcel —él no: los reclusos—, donde habló de los medios como:

“Prostitutas y prostitutos de la información”.

¿A quiénes se refería?, ¿Lydia Cacho con sus Los demonios del Edén?, ¿Sanjuana Martínez con Prueba de fe? ¿O acaso al escritor colombiano nacionalizado mexicano, Fernando Vallejo, con La puta de Babilonia?, ¿O al articulista de MILENIO, Roberto Blancarte? ¿Todos aquellos que están denunciando los casos de pederastia clerical?

(...) las palabras del cardenal Rivera no tienen el tono de paz: son de guerra; como el inicio de una batalla que hemos estado viviendo los últimos años, más, desde que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari modificó los artículos constitucionales para otorgar mayor participación política a los sacerdotes, eso, en un país aún laico. ¿Para quién fue positivo esto; para el Estado o para la Iglesia católica? ¿Por qué los sacerdotes que cometen crímenes contra niños no son juzgados como cualquier otro? ¿Es protección divina o es corrupción de Estado, el garante de la justicia? Margarita Zavala, como mujer y madre, debería decir algunas palabras al respecto.

Francamente, luego de ver el nacimiento que le llevó de regalo al papa Nazinger (perdón, Ratzinger), no creo que la señora Zavala tenga mucho que decir al respecto (aunque miren lo que Roberto Blancarte, también columnista de Milenio Diario, opinó en un texto navideño que tituló "Bola de putos").

Mingitorios en mi camino 5: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM

Un mingitorio paradójico, si los hay. Véase lo que dice el letrerito... y luégo véase que ¡no existe ninguna palanca que accionar!


Fotos: Martín Bonfil Olivera, 2007

(Por cierto, me costó trabajo que los chavos que constantemente entraban a usarlo entendieran que no quería tomarles fotos a ellos (ni a sus atributos), sino al mingitorio. Debo haber quedado como una especie de pervertido...)

Comprender

Alguna vez, durante mis clases de divulgación escrita en el Diplomado en Divulgación de la Ciencia de la DGDC-UNAM, una alumna me preguntó qué quería decir "comprender". Me puso en aprietos, pues la palabra es de esas que comprendemos (ejem) sin poderlas realmente explicar, y los diccionarios fueron de poca ayuda. Meses después, en la columna "Remedios contra el estrés" de Juan Domingo Argüelles, en El Financiero (20 de diciembre de 2007), me encuentro esto:

"Glosando a Nicola Abbagnano, autor por cierto de un famoso diccionario de filosofía, Miguel de Unamuno coincide en que comprender no quiere decir penetrar en la intimidad del pensamiento ajeno, 'sino tan sólo traducir en el propio pensamiento, en la propia verdad, la soterraña experiencia en que se funde la vida propia y la ajena'"


No es una definición, pero me parece iluminadora. Y provocativa, tomando en cuenta la importancia que tiene el proceso de traducción, entendido como recreación, en la divulgación científica.

La importancia de la crítica

El desorden de fin de año y mi propio desorden personal han hecho que tenga medio abandonado este blog. Medio, porque no dejé de recopilar material para subir, sólo que no lo había subido. Comienzo a ponerme al corriente:

Y comienzo, en orden cronológico, con las excelentes "máximas" que Braulio Peralta publicó en su columna de Milenio Diario ("La letra desobediente") respecto a la importancia de la crítica. Me parecen certeras y necesarias, en estos tiempos de nuevos autoritarismos, sobre todo religiosos y de derecha, y por eso me tomo la libertad de reproducirlas en su totalidad:

La letra desobediente
Máximas
Braulio Peralta

1.- Los críticos no hacen justicia porque no son jueces; acaso, ejercen su capacidad intelectual para revelar aquello que en su perfección es invariablemente imperfecto.

2.- Como en cualquier sociedad, el crítico ejerce un papel ético, civil, incómodo pero útil. Solo un obtuso podría negar la necesidad de la crítica.

3.- La crítica nada tiene que ver con la censura. La crítica es un asunto moral, de conocimiento, por ejemplo, frente a las corrupciones de una sociedad que niega sistemáticamente errores inmorales. Un sistema corrupto, estatal o privado, que busca comprar a la crítica que, si lo admite, pierde su credibilidad y se corrompe. Y entra indeclinablemente al territorio de los intelectuales orgánicos: la crítica adocenada.

4.- La crítica sin prejuicios es un bien preciado, herramienta de paz en quienes la alimentan. La crítica con envidia es simplemente deleznable, campo de batalla donde las emociones derivan en odios y frustraciones. La crítica eficiente, la de mente fría y corazón ardiente siempre estará en el filo de la navaja.

5.- Un país sin crítica es como un talón de Aquiles: la ponzoña lista para envenenar al cuerpo. Lo mejor de nuestra crítica muere en manos de la calaña, la que se jacta de tener el uso de la razón, sin observar que la inteligencia por si misma no sirve para el ejercicio de la reflexión y los cambios que un país necesita para enderezar sus injusticias. Sin crítica todo se pudre.

6.- La crítica es luz en la oscuridad. El túnel por donde deberíamos cruzar, antes de cualesquier ejercicio ciudadano. Salimos de la placenta para poder, ya adultos, pisar tierra. La crítica, como el nacer, es un problema de crecimiento.

7.- No existe crítica execrable o excelente. Existe el criterio para ejercer la crítica sin dolo, con capacidad nata para descubrir al charlatán que vende gato por liebre. La crítica es lo más cercano a la conciencia.

8.- Criticar es definirse. Asumir una postura social. Saber que la historia se repite y es bueno no caer en errores del pasado.

9.- La crítica es madurez sin envejecimiento. Rebeldía crítica sin ideología por delante de todo postulado.

10.- Sin autocrítica la crítica no tendría razón. Porque el primer ejercicio de la crítica es la autocrítica. Pensar antes qué decir o escribir. Sentir para no caer en el club de elogios mutuos. Criticar es una forma de vivir pleno, sin importar el qué dirán.

¿O no?